Inolvidables

Johnny 100 pesos

agosto 31, 2017

Por Paula Frederick

Tu cachai que ahora con 100 pesos no comprai ni una caluga”. En el trailer de “Johnny 100 pesos: 20 años y un día después” – segunda parte de la película de Gustavo Graef-Marino, a estrenarse este próximo 31 de agosto- la chica de turno le enrostra un pedazo de la dura realidad a Johnny, quien acaba de salir de la cárcel e intenta retomar el flujo de su libertad en un país que desconoce. Que con 100 pesos ya no se pueda comprar nada no es novedad, ni siquiera una revelación importante; sin embargo, creo, a todos nos despierta cierta melancolía, sobre todo a los que crecimos en los 80’s y nos llenábamos los bolsillos en el Quiosco de la esquina con una moneda de 50…

Así como el cine es técnica, innovación y una idea de futuro, también es nostalgia pura. El reflejo visual del pasar del tiempo, de lo que quisimos ser como sociedad y hasta qué punto hemos logrado serlo. Es el pulso de la historia hecho imagen, no desde el lugar de “todo tiempo pasado fue mejor”, sino desde una conciencia de cambio, de mutación. Bajo ese prisma, volver a ver Johnny 100 pesos puede catalogarse como un acto de nostalgia: recordar cómo eran hace unos años nuestros conocidos de siempre (Willy Semler, Luis Gnecco, Sergio Hernández, Paulina Urrutia, Cristián Campos), volver a ver a los que ya partieron (Rodolfo Bravo, César Arredondo), revivir la figura del videoclub como lugar esencial de intercambio pop-cultural y reconocer el Santiago de los 90, una década que a pesar de su potencia histórica ha sido opacada por la exacerbación de los 80 y las promesas del cambio de milenio.

Si hablamos de tiempo y espacio, el largometraje de Graef-Marino se estrenó en el momento preciso: 1993, plena efervescencia post-plebiscito, cuando la alegría parecía haber llegado al menos para nuestro Cine. La proliferación de la producción cinematográfica, el reestreno de películas prohibidas y el regreso de tantos directores que por fin podían hacer cine en su tierra hizo pensar que, esta vez, teníamos la pista despejada. En ese contexto, la historia de Johnny ( Armando Araiza) el escolar de uniforme y corbata que junto a un grupo de delincuentes veteranos (Semler, Aldo Parodi, Rodolfo Bravo) asaltan y toman rehenes por horas interminables en un videoclub del centro de Santiago – todo esto televisado y al aire- generó impacto y reacciones viscerales en el Chile de entonces. No solo como respuesta al entusiasmo de un público ávido de nuevos contenidos, sino también porque fue capaz de desarrollar varios niveles de relato: la historia de Johnny y quienes lo circundan, la narración cinematográfica y aquella construida, o de-construida, por los medios de comunicación; esa dimensión que lleva a pensar que, aunque la tecnología, los códigos y soportes mediales hayan cambiado, todo queda en la esfera de la forma, porque en el fondo continuamos siendo los mismos.

Mientras vemos en pantalla y en la TV la historia del asaltante primerizo a quien todos quieren “salvar” y  hacer retomar el “buen camino” – menos él mismo- la película se revela como un caleidoscopio donde se despliegan varios hilos conductores que, si los siguiéramos, la transformarían en una película infinita: la delincuencia juvenil, las posibilidades de re-inserción de un ciudadano a quien la sociedad considerada “desechable”, la desigualdad de oportunidades, la manipulación de los medios de comunicación y su poder en la reflexión de las masas, el perdón y la redención.

Si la propuesta de Graef-Marino era ambiciosa o justificada hoy es difícil de decir, tomando en cuenta la distancia temporal y el apego emocional que despierta en quienes amamos el Chile de esa época. Lo cierto es que Johnny 100 pesos es también un homenaje al Cine, al poder de la imagen dentro de la imagen –al estilo de películas como Dog day afternoon de Sidney Lumet o incluso Videodrome de David Cronenberg – a la magia del Videoclub y todos los actos románticos que nos ofrecía,  como tener que rebobinar las películas, tomarse el tiempo para escoger entre una oferta limitada o algo tan simple como salir de nuestras casas e interactuar en un espacio público para poder ver una película.

El estreno de su segunda parte, más de 20 años después, nos regala la oportunidad de re-encontrarse con Johnny, de revivir su historia y la de todos lo que la siguieron, sea a través de una pantalla o en vivo y en directo. Y quizás, nos de también la posibilidad de mirarnos desde otra perspectiva e indagar en nuestra historia reciente, esa que aunque no se puede rebobinar, siempre se puede ver en primer plano.

País: Chile.
Año:
1993.
Director:
Gustavo Graef-Marino.
Elenco:
Armando Araiza,  Patricia Rivera,  Willy Semler,  Aldo Parodi,  Rodolfo Bravo.
Duración:
90 minutos.
Género:
Acción.

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Autor

Paula Frederick

Colaborador de Cinemaboutique, periodista de profesión y cinéfila de vocación. Licenciada en Comunicación Social y Periodismo, Universidad Diego Portales. Diplomada en Cine y Estética, PUC. Se ha desempeñado en comunicaciones, difusión y periodismo escrito, en medios como revista Fibra, revista Prende y revista Tendencia (Copesa), revista Paula online y revista Issue -entre otros- dónde se especializó en entrevistas y columnas relacionadas con cine y televisión. Profesora de historia del cine en Duoc UC y creadora del taller de cine latinoamericano “Un lugar en el mundo”. Actualmente vive en Roma, Italia, donde se dedica entre otras cosas a la edición de textos y el periodismo freelance. La puedes leer en: www.paulafrederick.blogspot.com www.airesdereportera.blogspot.com

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